Un paso hacia atrás en el tiempo.

Libros

♣ Los besos en el pan ♣

Sin título 2Estamos en un barrio del centro de Madrid. Su nombre no importa, porque podría ser cualquiera entre unos pocos barrios antiguos, con zonas venerables, otras más bien vetustas. Este no tiene muchos monumentos pero es de los bonitos, porque está vivo.

(más…)


♣ El último aliento ♣

Sin título 1

“Alcanzó a reconocerla en el tumulto a través de las lágrimas del dolor irrepetible de morirse sin ella, y la miró por última vez para siempre jamás con los ojos más luminosos, más tristes y más agradecidos que ella no le vió nunca en medio siglo de vida en común, y alcanzó a decirle en el último aliento:

-Sólo dios sabe cuánto te quise-” 

botongifcorazonplateado1

tumblr_mfkztgM2CI1r1833bo1_400 (1)

El amor en los tiempos del cólera // Gabriel García Márquez


♣ El sabor del miedo ♣

Sin título 1♣ Mami! Mami! Mami está dormida en el suelo. LLeva mucho tiempo dormida. Le cepillo el pelo porque sé que le gusta. No se despierta. La sacudo. ¡Mami! Me duele la tripa. Tengo hambre. Él no está aquí. Y también tengo sed. En la cocina acerco una silla al fregadero y bebo. El agua me salpica el jersey azul. Mami sigue dormida. ¡Mami, despierta! Está muy quieta. Y fría. Cojo mi mantita y la tapo. Yo me tumbo en la alfombra verde y pegajosa a su lado. Mami sigue durmiendo. Tengo dos coches de juguete y hago carreras con ellos por el suelo en el que está mami durmiendo. Creo que mami está enferma. Busco algo para comer. Encuentro guisantes en el congelador. Están fríos. Me los como muy despacio. Hacen que me duela el estómago. Me echo a dormir al lado de mami. Ya no hay guisantes. En el congelador hay algo más. Huele raro. Lo pruebo con la lengua y se me queda pegada. Me lo como lentamente. Sabe mal. Bebo agua. Juego con los coches y me duermo al lado de mami. Mami está muy fría y no se despierta. La puerta se abre con un estruendo. Tapo a mami con la mantita. Él está aquí.

“Joder. ¿Qué coño ha pasado aquí? Puta descerebrada….Mierda. Joder. Quita de mi vista, niño de mierda.”

Me da una patada y yo me golpeo la cabeza con el suelo. Me duele. Llama a alguien y se va. Cierra con llave. Me tumbo al lado de mami. Me duele la cabeza. Ha venido una señora policía. No. No. No. No me toques. No me toques. No me toques. Quiero quedarme con mami. No, aléjate de mí. La señora policía coge mi mantita y me lleva. Grito. ¡Mami! ¡Mami! Quiero a mami. Las palabras se van. No puedo decirlas. Mami no puede oírme. No tengo palabras.

-¡Christian! ¡Christian!- El tono de ella es urgente y le arranca de las profundidades de su pesadilla, de su desesperación-.

-Estoy aquí. Estoy aquí.

Él se despierta y ella está inclinada sobre él, agarrándole los hombros y sacudiéndole, con el rostro angustiado, los ojos azules como platos y llenos de lágrimas.

-Ana.- Su voz es solo un susurro entrecortado. El sabor del miedo le llena la boca-.

-Estás aquí.

-Claro que estoy aquí.

-He tenido un sueño…

-Lo sé. Estoy aquí, estoy aquí.

-Ana.- Él dice su nombre en un suspiro y es como un talismán contra el pánico negro y asfixiante que le recorre el cuerpo.

-Chris, estoy aquí.- Se acurruca a su lado, envolviéndole, transmitiéndole su calor para que las sombras se alejen y el miedo desaparezca. Ella es el sol, la luz…y es suya.

-No quiero que volvamos a pelearnos, por favor.- Tiene la voz ronca cuando la rodea con los brazos.

-Está bien.-Los votos. No obedecerme. Puedo hacerlo. Encontraremos la manera.-

Las palabras salen apresuradamente de su boca en una mezcla de emoción, confusión y ansiedad.

-Sí, la encontraremos. Siempre encontraremos la manera- susurra ella y le cubre los labios con los suyos, silenciándole y devolviéndole al presente.

botongifcorazonplateado1

Tercera parte de la Triología

“Cincuenta sombras liberadas”

E.L.James


♥ ♣ ֱֲֵֶֻLa Calle de los Sueños ֱֲֵֶֻ♣ ♥

Mientras el coche avanzaba a toda velocidad por las calles, Ruth no miraba alrededor, como si no tuviera la cabeza para reconocer la ciudad en la que había nacido y se había criado, de la que había sido arrancada. La ciudad que había sido testigo de su violación y donde había nacido su único, gran y posible amor.

(más…)


♥ ♣ ֱֲֵֶֻJudy Garland // Pequeña joya de enormes ojos ֱֲֵֶֻ♣ ♥

Hoy os dejo con esta pequeña joya que publiqué hace ya tiempo en Windows Live. Me gusta tanto, que no he querido modificar nada, simplemente la he redimensionado para que al pinchar sobre ellas, se vea más amplia y podáis leerla sin dificultad. Mis disculpas por ello…y ya aprovecho para desearos que tengáis una feliz semana. Besitos dorados a tod@s… (más…)


♥ ♣ ֱֲֵֶֻEl Sueño Eterno ֱֲֵֶֻ♣ ♥

Entonces soltó una risita, secretamente divertida. Volvió el cuerpo, lenta y blandamente, sin levantar los pies. Sus manos estaban caidas en los costados. Se inclinó hacia mí sobre sus pies. Cayó en mis brazos. Tuve que cogerla o dejar que se estrellase sobre el suelo teselado. La sostuve por las axilas y, como un muñeco desarticulado, cayó sobre mí.

Nos quedamos mirándonos. Carmen intentó mantener en su rostro una linda sonrisa, pero estaba demasiado cansada para molestarse, y la sonrisa se borraba de su rostro como el agua desaparece en la arena. Su pálida piel tenía un aspecto granuloso bajo la rígida y estúpida expresión de los ojos. Una lengua blancuzca acariciaba las comisuras de sus labios. Una muchacha bonita y mimada, no demasiado lista, que había tomado muy mal camino y nadie hacía nada para impedirlo. ¡Al diablo los ricos! No los puedo aguantar. Lié un cigarrillo, empujé algunos libros y me senté en un extremo del escritorio. Encendí el cigarrillo, di una chupada y miré en silencio durante un momento la operación de morderse el pulgar. Carmen estaba frente a mí como una muchacha traviesa en el despacho del jefe.

Ladeé la cabeza y sonreí. Se ruborizó. Sus ardientes ojos negros echaron chispas.—No veo que haya motivos para andar con tapujos —saltó—, y no me gustan sus modales.—Los suyos tampoco me entusiasman demasiado —dije—. Yo no deseaba venir aquí; usted me llamó. Me tiene sin cuidado que se haga la elegante delante de mí o que desayune con whisky. Tampoco me importa que enseñe las piernas. Son piernas preciosas y da gusto contemplarlas. Me importa un bledo que no le gusten mis modales. Son bastante detestables y lo lamento durante las largas veladas de invierno. Pero no intente sonsacarme nada.Dejó la copa violentamente, y el contenido se derramó sobre un cojín color marfil. Se puso en pie de un salto y quedó echando chispas, con las aletas de la nariz dilatadas. A través de la boca abierta, sus brillantes dientes resplandecían. Sus nudillos estaban blancos. —No estoy acostumbrada a que me hablen así —dijo con voz ronca. No me moví y le sonreí con ironía. Muy lentamente, la señora Regan cerró la boca y miró hacia el licor derramado. Se sentó en el borde de la chaise longue y apoyó la barbilla en la palma de su mano. —¡Dios mío! Grandísimo y bello bruto. Debería atropellarle con mi Buick. 

La habitación era demasiado amplia; el techo demasiado alto, las puertas demasiado altas y la blanca alfombra, que llegaba de una pared a otra, tenía el aspecto de una nevada en el lago Arrowhead. Había, por todas partes, grandes espejos y cachivaches de cristal. Los muebles, de color marfil, estaban adornados con cromo y los pliegues de las cortinas, también color marfil, caían sobre la blanca alfombra a medio metro de las ventanas. El blanco hacía que el marfil pareciese sucio, y el marfil hacía parecer al blanco desvaído. Las ventanas daban a las oscuras colinas. Iba a llover y la atmósfera estaba pesada. Me senté en el borde de una mullida silla y miré a la señora Regan. Valía la pena mirarla. Era dinamita. Se hallaba echada, descalza, en una chaise longue moderna, lo que me permitía contemplar sus piernas envueltas en medias transparentes. Estaban allí para ser contempladas, eran visibles hasta la rodilla, y una de ellas, hasta bastante más arriba. Las rodillas no eran huesudas y tenían hoyuelos. Las pantorrillas, magníficas, y los tobillos, largos y esbeltos, de línea capaz de inspirar una poesía. La señora Regan era alta, llena y parecía muy fuerte. Su cabeza reposaba en un cojín de raso color marfil. Su pelo era negro y liso, peinado con raya al medio. Tenía los ardientes ojos negros del retrato del vestíbulo. La boca era carnosa y en aquel momento estaba fruncida con gesto arisco. Sujetaba en la mano una copa, de la que bebió un sorbo antes de dirigirme una mirada fría por encima del borde.

Pequeños fragmentos del libro

“El Sueño Eterno” de Raymond Chandler (1939)


A continuación os dejo con otras escenas de la película, que se rodó años más tarde en 1946 por Howard Hawks.

Para verlas en grande, pincha sobre la imagen.